Home » Cambiando el mundo en la era del Covid

Cambiando el mundo en la era del Covid

Este primer numero de la revista Quistioni, razona sobre hacer política en la época del Coronavirus.

De hecho, creemos que esta epidemia tiene un carácter de periodización. Hay un antes y un después y por eso nos proponemos asumir 2020 como el año que marca un hito entre dos épocas.

Evidentemente, cada periodización es siempre cuestionable y los elementos de continuidad se superponen con los de ruptura. El uso de la pandemia como un hito en la historia de la modernidad es, por tanto, una opción política. Una elección que hacemos y que nos proponemos hacer de forma deliberada y lúcida.

Hacemos esta propuesta porque el coronavirus no es solo un desastre en sí mismo sino que, en palabras de Walter Benjamin, es una “alarma de incendio”. Las crisis del coronavirus ha dejado claro, a nivel mundial, que la barbarie es inherente a las relaciones sociales capitalistas y en la relación que estos han determinado entre la humanidad y la naturaleza. Lo que surgió con la pandemia en 2020 es la flagrante falsificación de todas las grandes narrativas que caracterizaron el período de posguerra.

a. La gran narrativa de la globalización neoliberal ha sido completamente refutada. Todas las cosas que se han magnificado en los últimos 30 años no han funcionado: desde el libre mercado a la privatización, a la libertad de empresa, a las redes de producción global. No han servido de nada. Por otro lado, todo lo criticado y atacado en las ultimas décadas ha determinado la única barrera contra la epidemia: salud publica, empleados públicos, escuelas publicas, redes de solidaridad comunitaria. El estado y las relaciones libres de solidaridad se han mantenido donde han fallado el libre mercado y la competencia. Incluso a nivel mundial, las naciones amigas de la OTAN se han robado máscaras entre sí, mientras que la pequeña y vilipendiada Cuba ha cobrado protagonismo en una gran operación de solidaridad internacionalista.

b. El progresismo desarrollista ha sido desmentido. De hecho, está bastante claro que la destrucción progresiva del hábitat natural está en el origen de el Covid-19, así como otras pandemias que han surgido en los últimos años (aviar, ébola, etc.) Este enemigo público número uno no es, por tanto, un producto extraño, sino que, como el calentamiento global más lento, es el fruto maduro de la acción humana. Es el desarrollo capitalista el que ha creado las condiciones para la existencia, eficacia mortal y velocidad desenfrenada, de el Covid. La idea de que podemos mantenernos saludables mientras destruimos el hábitat natural ha demostrado plenamente su falacia. No sólo la idea de desarrollo, sino también la del progresismo, están marginadas por esta pandemia.

c. El concepto de humanismo que se formó inmediatamente después de la guerra, como reacción al horror del nazismo y del Holocausto, fue enterrado. La idea de la intangibilidad de la vida humana, en su dimensión física y relacional, ha sido cuestionada radicalmente. En varios países se elaboraron protocolos médicos que, seleccionando a los pacientes, dieron distintas indicaciones según la esperanza de vida y la posibilidad de superar la crisis. Se dirá que ante la escasez de medios, no se podría hacer de otra manera. Sólo la escasez de medios fue una elección deliberada y se tomó en el transcurso de décadas de destrucción sistemática de la salud pública. En los discursos oficiales, el único límite a la lucha por la vida lo da el desarrollo del conocimiento científico y de las tecnologías. Aquí, por el contrario, vemos de primera mano cómo políticas concretas han decidido incrementar los riesgos de muerte a cambio de la creación de beneficios privados. Regresa a la mente, la categoría de “banalidad del mal” propuesta por Hannah Arendt.

La crisis de la gran narrativa occidental

La gran narrativa del Occidente capitalista de las últimas décadas es, por tanto, incapaz de dar una respuesta al futuro de la humanidad: el Coronavirus ha puesto de relieve el rasgo regresivo del capitalismo actual.

Ante estos fracasos se han producido importantes reacciones tanto de la sociedad civil como de la izquierda política y sindical. Desde la plataforma “protejamos nuestro futuro” lanzada por el Partido de la Izquierda Europea, hasta la acción del movimiento sindical contra los despidos, desde el fuerte impulso que se ha hecho en todos los países para mejorar la salud pública, hasta la campaña “No profit on pandemic” sobre las vacunas como bien común. 

Estas reacciones, sin embargo, no han adquirido las connotaciones de una propuesta alternativa desplegada de “otro mundo posible”, real y practicable. Esta ausencia de alternativas también afecta la percepción de la realidad y por eso el fracaso del liberalismo y del capitalismo real, que hemos presenciado en vivo, no se ha convertido en una adquisición en el sentido común de las masas. No se convirtió inmediatamente en “cierto” para miles de millones de personas. La crisis ha abierto algunos destellos para la reflexión y la acción, pero la crisis en sí misma no solo no resuelve el problema, sino que no necesariamente ayuda a enfocarlo correctamente. Basta pensar en las lecturas nacionalistas, negacionistas y racistas que se le dan al coronavirus…

La investigación de la vacuna en sí destaca la encrucijada que enfrenta la humanidad. Por un lado, la investigación pública y un embrión de una comunidad abierta de científicos comprometidos con el descubrimiento de la vacuna como un bien común de la humanidad. Por el otro, la competencia entre las grandes multinacionales farmacéuticas, que han patentado la vacuna, y que ahora están chantajeando a los estados vendiendo las vacunas al mejor postor. Esta alternativa, moral y política al mismo tiempo, subraya la centralidad de la relación entre la investigación científica y el poder, que va desde los bancos de semillas hasta la ingeniería genética y el tema de la patentabilidad de la vida. La investigación como bien común, su desmercificación, o por el contrario su subsunción real al capital, se manifiesta como el punto decisivo del enfrentamiento político que se vive actualmente.

Por cierto, la campaña “No profit on pandemic” relacionada con las vacunas también es importante para esto. Esta campaña, promovida oficialmente según las normas de la Unión Europea, obligará a la Comisión Europea a presentar una propuesta al Parlamento y al Consejo Europeo, para cambiar radicalmente las reglas de aplicación de patentes de medicamentos en la UE. Para lograr este resultado, como exige el reglamento de la ICE (Iniciativa Ciudadana Europea), es necesario recoger un millón de firmas en toda Europa. En el sitio: https://noprofitonpandemic.eu/ se puede firmar y obtener alguna explicación sobre la campaña. El Partido de la Izquierda Europea se ha sumado a la campaña y, por lo tanto, estamos comprometidos a recolectar firmas en todos los países para noviembre de este año. 

Actuar en el espacio polÌtico abierto por la crisis

El Coronavirus, por tanto, ha destacado un fracaso y ha abierto una brecha que nos permite plantear el tema de la alternativa. Para que sea eficaz, esta no puede ser una nueva propuesta de lo que dijimos ayer, sino que debe abordar la novedad y el drama de la realidad.

Por eso queremos dirigir esta revista a la identificación de los caminos por donde construir la alternativa al liberalismo y al capitalismo. Una alternativa al actual estado de cosas, como salida necesaria y deseable para la mayoría de hombres y mujeres. Es una revista europea pero la investigación es global, porque ese es el desafío: en el capitalismo globalizado, la crisis del coronavirus ha colocado a toda la humanidad frente al mismo enemigo. Queremos empezar de este desafío global indicando algunos primeros puntos de investigación.

1. En la época del Antropoceno, donde la humanidad es capaz de cambiar el curso de la naturaleza, el tema del respeto a la naturaleza adquiere una relevancia fundamental. La lucha por la construcción de una relación armónica y no destructiva entre la humanidad y la naturaleza es, por tanto, un punto decisivo de nuestra lucha política. Como señaló Marx, las fuentes de riqueza son el trabajo y la naturaleza, ambos explotados por el capital y ambos deben ser liberados del dominio de la ganancia. Por tanto, no hay liberación del trabajo que no sea también respeto por la naturaleza. Así como no hay liberación del trabajo productivo sin liberación del trabajo reproductivo y superación de su carácter sexual. Liberar el trabajo productivo como el reproductivo, reducir la jornada laboral con el mismo salario y redistribuir así el trabajo productivo como el reproductivo. Varias caras de una misma moneda, en las que la superación de las divisiones en clase se vincula con la superación de roles y jerarquías sociales, definidas en función de la pertenencia de género.

2. El Covid ha demostrado, con toda claridad, la interdependencia que une a todos los hombres y mujeres, la fragilidad humana y la centralidad del cuidado y la reproducción. Todo lo contrario de lo que se nos dice con la exaltación de los espíritus animales del capitalismo, desde la competencia desenfrenada hasta la idea de que podemos salvarnos a nosotros mismos. El tema de la cooperación y el cuidado adquiere, por tanto, una centralidad muy fuerte y la transformación social actual debe repensarse en torno a estos conceptos. No se trata solo de un razonamiento político, sino cultural y antropológico, porque la nueva humanidad que coopera internamente y tiene una relación armoniosa con la naturaleza solo puede ser formada por nuevas mujeres y nuevos hombres.

3. Al contrario de lo que nos vienen diciendo desde hace décadas, no hay escasez de bienes ni de dinero. Pero estamos en una crisis de sobreproducción y los bancos centrales están inundando los mercados con dinero barato. Se trata, por tanto, de identificar la forma en que esta inmensa cantidad de dinero no se orienta a reproducir los mecanismos de acumulación capitalista sino que, al contrario, se orienta al desarrollo de la esfera pública, los bienes comunes, el bienestar y la reducción de la jornada laboral. La riqueza está ahí y es enorme, se trata de abrir una discusión fundamental sobre su uso.

4. La fase actual se caracteriza por un gigantesco proceso de concentración empresarial, de construcción de monopolios mundiales con enormes poderes. Esto plantea un problema relacionado con el modelo de desarrollo y la democracia, que debe afrontarse planteando el problema de la socialización de los medios de producción, la propiedad pública y el control democrático y participativo de las grandes opciones económicas y sociales. Necesitamos construir un espacio público que potencie la dimensión del Estado, de la autogestión, de la comunidad. La democratización de la sociedad y la producción, el tema de la reconversión ambiental y social de la economía, vuelve a proponer el de la relación entre intervención estatal y autogestión social, plantea la cuestión del control de los trabajadores, de los bienes comunes, la relación con el territorio y el crecimiento de la comunidad.

5. La globalización neoliberal cambió radicalmente el marco en el que tuvo lugar el conflicto de clases en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. La relación entre conflicto, negociación, cambios legislativos, ha sido cuestionada por la falta de voluntad de las empresas para negociar realmente. Las relaciones de poder social se han invertido a favor de los patrones. Con demasiada frecuencia la acción, del sindicato y de la izquierda, se ha limitado a una acción de resistencia meritoria y a veces heroica: pocas veces hemos identificado nuevos caminos capaces de construir la hegemonía social. De manera más general, las formas históricas de agregación popular han desaparecido sin que se hayan producido otras nuevas. Se trata de ir más allá e investigar los nuevos caminos de agregación, resistencia y lucha para captar las nuevas formas de construcción de la subjetividad antagónica. En la conciencia de que cada generación de trabajadores se expresa social, cultural y políticamente en formas distintas a las generaciones anteriores. 

6. La crisis de la democracia y de las formas de política nacidas después de la Segunda Guerra Mundial, es evidente en muchos países europeos. Las instituciones de la democracia representativa, vaciadas de poder desde arriba y por tanto percibidas como ineficaces desde abajo, están atravesando una crisis estructural. También en este ámbito, nuestra actuación se caracterizó por una meritoria acción defensiva, pero insuficiente para revertir la tendencia. La búsqueda de vías de expansión de la democracia y de vías de participación política que permitan expresar el liderazgo popular será, por tanto, un punto central de la investigación de la revista.

7. En la crisis de la democracia y en la desintegración social producida por las políticas neoliberales, las ideologías y formaciones políticas de extrema derecha están creciendo en Europa. En gran parte no se trata de fenómenos nostálgicos, sino de respuestas reaccionarias a una crisis social y existencial que no encuentra salidas positivas. Queremos dedicar mucha atención al análisis y comprensión de estos fenómenos, a la identificación de las formas más efectivas de secar el agua del pantano donde crece la derecha.

8. El asunto del Coronavirus ha contribuido enormemente a la crisis, ya en marcha, de la globalización neoliberal. Es un elemento estructural, que marcará la siguiente fase. Parece que podemos decir que, lejos de representar un “retorno”, un retorno puro al estado nacional, la tendencia que emerge es la de fortalecer las macro áreas regionales. Estados Unidos, China y Rusia han estado trabajando en esta dirección durante algún tiempo, incluso la nueva gobernanza europea se está moviendo en esta dirección. Comprender las características del capitalismo post-Covid-19, analizar las nuevas tendencias de la gobernanza europea, es un punto decisivo para reabrir el juego de la alternativa. Hemos entendido algunas cosas sobre la globalización, pero no hemos podido lograr un impacto significativo. Hace veinte años un gran movimiento mundial comenzaba a dar sus primeros pasos partiendo de Porto Alegre y por eso fue atacado en Génova en 2001, con una represión furiosa y incivilizada. Hoy se trata de captar las novedades de la fase, intentar comprender los cambios de capital, identificar las contradicciones y pensar en posibles caminos para la alternativa. Sobre esto también trataremos de hacer nuestro aporte, sabiendo que el nivel político de las luchas siempre debe medirse con el nivel de capital… Porque queremos superarlo.

Paolo Ferrero, director de Quistioni, es vicepresidente del Partido de la Izquierda Europea. Fue secretario nacional del Partito della Rifondazione Comunista, Italia, y ministro de Bienestar en el segundo gobierno de Prodi.